Opinión

Con la pelota no se jode

Se viene la novena fecha del futbol y la pelota no va a rodar. El fútbol argentino va al paro. Y no estamos hablando de un simple tironeo administrativo entre los dirigentes de la AFA y los despachos de la Casa Rosada. Estamos hablando de un choque de planetas, de dos formas diametralmente opuestas de entender qué somos y cómo sentimos.

Por Administrador·
Con la pelota no se jode
Para este gobierno, como ya nos tiene acostumbrados en tantas otras áreas del Estado y de la vida nacional, todo parece entrar en una planilla de cálculo. Todo se reduce a una fría mirada de mercado. Oferta, demanda, rentabilidad y déficit. Se olvidan —o peor aún, eligen ignorar— que los clubes de nuestro país no son empresas, son trincheras. Dejan afuera del análisis la inmensa función social que cumplen esas instituciones en cada barrio. Es en el club donde el pibe encuentra contención, donde le dan una copa de leche, donde aprende reglas, compañerismo y pertenencia. El club es, muchas veces, el único muro de contención que previene que ese chico termine a la deriva, abrazado a las peores desviaciones sociales que te ofrece la calle. Pero claro, eso no cotiza en la bolsa. Parece mentira que haya que explicarle a quienes nos gobiernan qué significa el fútbol para la identidad de los argentinos. Hagamos memoria, no hay que irse muy lejos. ¿Se acuerdan de diciembre de 2022? Cinco millones. Cinco millones de argentinos colapsaron el Obelisco, las autopistas y las calles en el festejo popular más grande de la historia de la humanidad. Salimos a celebrar la tercera estrella, sí, pero salimos a abrazarnos. El pobre con el rico, el de izquierda con el de derecha, el que tenía trabajo y el que estaba desempleado. Esa tarde todos fuimos lo mismo. El fútbol demostró ser el último gran factor de unidad de un pueblo que viene demasiado castigado, demasiado dividido. Y acá me quiero detener en algo que es digno de un estudio sociológico. Fíjense qué curiosa es nuestra idiosincrasia. Avanzó la reforma laboral, un retroceso histórico para los derechos de los trabajadores, y no se movió un solo cimiento. La calle no explotó, la reacción fue tibia, casi de resignación. Pero cuidado. Habrá que ver qué pasa en este país si el "Javo" decide cruzarse el límite y meterse con el fútbol. Porque con el fútbol no. El fútbol es otra cosa para nosotros. Es esa misma pelota que allá por el '86, en los pies del Diego, nos dio una revancha simbólica por nuestras Islas Malvinas y nos devolvió el orgullo cuando más nos dolía el alma. El fútbol es la anestesia de los que sufren, es el calmante de las angustias cotidianas. En este país tan duro, donde hoy hay familias que a la noche no tienen qué poner en la mesa para cenar, el fútbol es el milagro que logra que ese laburante, con la panza vacía, se vaya a dormir con una sonrisa porque su equipo hoy se llevó los 3 puntitos. Querer arrebatarle eso al pueblo argentino, o querer transformarlo en un simple negocio para pocos, no es solo un error político. Es no entender absolutamente nada del alma de nuestro país.