Nación

Milei no quiere estar solo arriba del ring

Por Alberto Trombetta. En un discurso de espaldas al sufrimiento del laburante y celebrando la destrucción de la industria nacional, el Presidente buscó subir a la fuerza a un enemigo imaginario al ring. Ante un oficialismo sobregirado que le habla solo a su tribuna, el peronismo tiene el deber histórico de dejar las internas de lado y prepararse para gobernar este descalabro.

Por Administrador·
Milei no quiere estar solo arriba del ring
​Javier Milei inauguró un nuevo período de sesiones ordinarias en el Congreso con un discurso que, más que un balance de gestión, pareció el acto de lanzamiento de su campaña para 2027. Fiel a su estilo, el Presidente ofreció un show de confrontación y estridencia, pero que al analizarlo en frío deja al descubierto una debilidad estructural: Milei necesita desesperadamente un enemigo, y ante la falta de uno, está dispuesto a inventarlo. ​En estas mismas líneas hemos advertido antes que hoy por hoy, Milei no tiene contra quién perder. Enfrente hay un peronismo que recién ahora, de manera incipiente y a los tumbos, parece estar empezando a saldar sus diferencias; un movimiento que ha pasado los últimos meses perdido entre internas y debates mezquinos. Sin un liderazgo opositor consolidado que le haga sombra, el Presidente se encuentra sin un contrincante real con quien confrontar. ​Por eso, lo que vimos durante la noche del domingo fue el esfuerzo denodado de un mandatario por forzar la presencia de un rival arriba del ring. Lo subió a la fuerza. De prepo. A los gritos y con insultos, Milei actuó como un Quijote moderno, pero en lugar de embestir contra molinos de viento, peleó contra enemigos imaginarios y fantasmas del pasado para intentar sostener la épica de su relato. ​Sin embargo, el sobregiro discursivo del Presidente expone un peligroso síntoma de ceguera política. Parece que en La Libertad Avanza no aprendieron nada de los errores del gobierno anterior. El kirchnerismo firmó su derrota cuando se sobregiró, cuando se encerró sobre sí mismo y empezó a hablarle únicamente a su pequeña tribuna, perdiendo el contacto con la calle. Hoy, la Casa Rosada repite la historia: vimos a un Milei hablando exclusivamente para su núcleo duro, celebrando un modelo de libre mercado enajenado del dolor que atraviesa el laburante. ​El Presidente festejó sus números macroeconómicos frente a un país donde el trabajador no llega a fin de mes, donde el acceso a la salud se ha vuelto un lujo y donde la apertura indiscriminada a las importaciones chinas está bajando las persianas de las fábricas. Milei se mostró totalmente convencido de su rumbo, celebrando la desregulación total mientras el país asiste a tragedias laborales como los 920 despidos de Fate y el vaciamiento sistemático de la industria nacional. ​A pesar de este escenario, de la caída del salario y del daño estructural a la matriz productiva, hay una certeza que flota en el aire. Hasta el ciudadano más ajeno y alejado de la política sabe íntimamente que la única fuerza histórica con la capacidad, el peso y la vocación de poder para revertir este descalabro en la Argentina se llama peronismo. ​La pregunta que nos deja el discurso del Presidente no es sobre el rumbo del oficialismo —que ya dejó en claro que acelerará a fondo sin mirar a los costados—, sino sobre el rol de la oposición. Lo que queda por averiguar de cara a los próximos meses es qué actitud tomará el justicialismo: si vamos a tener un peronismo que sea un mero espectador pasivo del pisoteo al pueblo trabajador, o si veremos a un peronismo a la altura de las circunstancias, organizado, de pie y preparado para gobernar y reconstruir este desastre a partir de 2027. El ring está armado; solo falta que alguien decida subirse de verdad.
Temas:
Milei
apertura
sesiones
congreso
oposición
peronismo