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El síndrome de Pinocho: mentiras cortas, rating por el piso y el fin de la paciencia popular

Por Alberto Trombetta | Las últimas apariciones televisivas de Javier Milei dejaron a la vista lo que las encuestas ya gritan: la gente apagó el televisor porque ya no le cree. Mientras el Presidente dibuja una realidad inexistente, sus funcionarios vacían el Banco Nación con préstamos millonarios y los lujos de la nueva casta libertaria florecen. El hartazgo crece al ritmo del hambre y la pregunta resuena en los barrios: "¿Para esto te voté?". Mientras tanto: SAN LUIS HACE.

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El síndrome de Pinocho: mentiras cortas, rating por el piso y el fin de la paciencia popular
A Javier Milei le está creciendo la nariz a un ritmo mucho más acelerado del que prometió bajar la inflación. Y la sociedad argentina, que puede estar golpeada pero no es tonta, ya se dio cuenta. El Presidente se ha transformado en un Pinocho mediático que habla solo. Las últimas mediciones de sus entrevistas televisivas son lapidarias, rozando los 0,1 y 0,2 puntos de rating. Números de terror para un mandatario que basó toda su construcción política en ser un fenómeno de audiencias. Hoy, la gente hace zapping. Ya nadie lo quiere escuchar. ¿Y por qué habrían de hacerlo? Nadie soporta encender la pantalla para escuchar a un dirigente tapar el sol con la mano, dibujando desde el atril una "recuperación" económica que existe únicamente en su cabeza y en las planillas de Excel de sus socios de la timba financiera. Mientras tanto, en la calle, el pueblo padece la destrucción brutal de la industria nacional, el congelamiento de los salarios y un ajuste sádico dirigido, con precisión quirúrgica, hacia los sectores más marginales y la clase media trabajadora. El relato del "no hay plata" y el "esfuerzo de todos" se hizo añicos contra el muro de la hipocresía libertaria. En los últimos quince días, el país asiste a un desfile de escándalos que huelen a impunidad. No solo tenemos a un vocero devenido en Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volando en Primera Clase a Nueva York con la plata de nuestros impuestos y sin poder explicar cómo compró propiedades; ahora nos enteramos de que la "maravillosa" patrulla de funcionarios libertarios que venía del sector privado a darnos clases de éxito, tuvo que ir corriendo a pedirle plata prestada al Estado. Sí, leyó bien. Los leones del libre mercado, que desprecian lo público, sacaron préstamos millonarios del Banco Nación a tasas irrisorias para comprar viviendas o acomodar sus finanzas personales. ¿Y cuál fue la respuesta del Presidente ante esta obscenidad en medio de un país que no tiene para comer? En una defensa insólita y torpe, Milei justificó a sus funcionarios diciendo: "¿Acaso tomar un crédito mató gente? ¿Violenta el derecho a la vida?". Ese es el nivel de empatía del Gobierno Nacional. Te rompen las piernas y luego te explican que, por suerte, no te cortaron la cabeza. Todo este cóctel de insensibilidad, mentiras y corrupción prematura ya se siente en las encuestas, que marcan una caída libre en la imagen presidencial. El núcleo duro se resquebraja y el votante desencantado se repite a diario: "¿Para esto te voté?". Para ver cómo una nueva casta, más cínica y hambreadora que las anteriores, se enriquece mientras los argentinos tienen que decidir si cenar o pagar la luz. Por suerte, a los mercedinos y sanluiseños la realidad nacional nos encuentra con otro escudo. Acá no hay tiempo para shows televisivos ni excusas tuiteras. La articulación institucional que vienen sosteniendo el gobernador Claudio Poggi y nuestro intendente Maximiliano Frontera es la muestra cabal de que el Estado, bien administrado y con sensibilidad social, es la única herramienta para proteger a la gente. Mientras en la Casa Rosada gobierna la improvisación, el internismo y el desprecio por la producción, SAN LUIS HACE. Por eso vemos a la Provincia y al Municipio de Villa Mercedes trabajando espalda con espalda, empujando obras, conteniendo el tejido social y defendiendo el trabajo de nuestra gente. Esa es la política con mayúsculas, la doctrina justicialista puesta en acción: resolver los problemas de la comunidad, no agravarlos. Javier Milei se ha quedado sin credibilidad y sin audiencia. El rating no miente, como tampoco miente el estómago de un pueblo que se cansó de escuchar cuentos de hadas en medio de una pesadilla económica. La motosierra, al final, solo sirvió para cortar el hilo que lo unía a la realidad. Fin de la mentira.
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