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Julio Bárbaro: "El peronismo debe dejar de ser una secta"

El histórico dirigente analizó la gestión de Milei, fue durísimo con el kirchnerismo y pidió una renovación total de caras para recuperar el movimiento nacional.

Por Administrador·
Julio Bárbaro analizando la actualidad política nacional en una entrevista por streaming

El diagnóstico del gobierno libertario

En una profunda entrevista con Alberto Trombetta, el histórico dirigente político Julio Bárbaro no se guardó nada al analizar la gestión de Javier Milei. Con su habitual agudeza, advirtió sobre la falta de un horizonte productivo. "Este no es un modelo de país, es un esquema de negocios que excluye a la mayoría de los argentinos", sentenció el analista, remarcando que el actual mandatario gobierna desde la teoría económica pura y sin comprender la matriz social ni la historia de la nación.

La crisis interna y el peso del kirchnerismo

El punto más álgido del diálogo se dio al abordar la situación de la principal fuerza opositora. Bárbaro fue categórico contra la conducción del kirchnerismo, a quienes responsabiliza del retroceso electoral y de la pérdida de identidad del movimiento. "El peronismo debe dejar de ser una secta de aplaudidores para volver a ser un movimiento nacional integrador", disparó sin filtros. Según su visión, abrazarse al pasado reciente y defender gestiones que la sociedad ya castigó en las urnas solo garantiza la consolidación y perpetuidad del actual modelo de derecha en el poder.

El camino hacia una renovación real

Hacia el final de la charla, el intelectual delineó los pasos urgentes que debe seguir la dirigencia para volver a representar una alternativa viable y competitiva de cara a los próximos turnos electorales. Pidió terminar de una vez por todas con la obsecuencia y fomentar un verdadero debate de ideas. "Si seguimos ofreciendo las mismas caras gastadas que la sociedad ya rechazó con hartazgo, no tenemos destino político", reflexionó. Finalmente, Bárbaro concluyó que la verdadera rebeldía de esta época es recuperar la decencia, el diálogo institucional genuino y un plan productivo que devuelva la dignidad a la clase trabajadora.