Resumen de la semana: La obscenidad del poder, el salvavidas de plomo de Adorni y el país que duele
Una semana que dejó al descubierto la peor cara del gobierno nacional. Mientras las calles se llenan de gente defendiendo la universidad y revolviendo la basura para comer, el oficialismo encubre la corrupción propia y ostenta lujos en medio de la miseria.

Termina una semana que, sinceramente, nos deja un nudo en la garganta y muchísima bronca acumulada. Los últimos siete días han sido una radiografía perfecta de lo que es este gobierno nacional: una gestión que se vendió como la destructora de la casta, pero que terminó siendo la peor versión de lo que venían a combatir. Mientras el país real se desangra, el gobierno de Javier Milei vive en una realidad paralela, absolutamente desconectado del dolor de nuestra gente.
El salvavidas de plomo: Adorni y el encubrimiento
El caso de Manuel Adorni ya cruzó todos los límites tolerables. La corrupción que envuelve al vocero presidencial (y que asciende a cifras escandalosas en dólares, como ya han detallado diversos periodistas de investigación) es un elefante en la sala que el presidente se niega a ver. Pero lo más grave no es solo lo que hizo Adorni, sino la decisión política de la Casa Rosada de bancarlo a cualquier costo. El gobierno ha decidido atarse al mástil de este barco que hace agua por todos lados, prefiriendo hundirse con él antes que soltarle la mano y admitir que la mentira de la transparencia se les cayó a pedazos.
La obscenidad del Tesla y el sadismo estatal
Como si proteger la corrupción no fuera suficiente, el nivel de provocación llegó a un punto vomitivo. Esta semana vimos a un diputado del oficialismo ostentando un Tesla, paseándose con un auto de altísima gama importado, restregándole el lujo en la cara a un país que se cae a pedazos. ¡Qué obscenidad! ¡Qué falta total de empatía y de respeto por el dolor ajeno!
Esta exhibición de riqueza choca de frente con el paisaje que lamentablemente se está volviendo cotidiano en nuestras ciudades: persianas de comercios históricos que bajan para siempre, jubilados que tienen que elegir entre comprar un remedio o comer, y cada vez más compatriotas en situación de indigencia, buscando un pedazo de pan en los tachos de basura. A este gobierno no le importan los trabajadores, ni las pymes que echan a sus empleados porque no pueden pagar la luz. Como decíamos días atrás: esto ya no es ajuste, es un verdadero sadismo estatal.
La calle como único límite: La Marcha Universitaria
Pero en el medio de tanta oscuridad, la sociedad argentina demostró que no está dispuesta a dejarse atropellar. La masiva marcha en defensa de la universidad pública fue el hecho político de la semana. No fue una marcha partidaria, fue el grito sagrado de un pueblo que entiende que la educación es la única herramienta de movilidad social ascendente que nos queda. Cientos de miles de personas le dijeron en la cara al gobierno que la universidad pública no se toca, no se desfinancia y no se negocia.
El contraste es brutal y nos obliga a abrir los ojos: mientras ellos protegen a los suyos, ostentan autos de lujo y nos condenan a la miseria, el pueblo sigue saliendo a la calle para defender su futuro. No nos podemos acostumbrar al dolor, ni mucho menos a la resignación.
