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El abismo libertario: cuando la realidad rompe el blindaje de Javier Milei

Por Alberto Trombetta | Las encuestas ya no pueden ocultar el derrumbe de la imagen presidencial. Mientras las fábricas cierran y los salarios se pulverizan, los escándalos de Adorni en el avión presidencial y los audios del "Libragate" destrozan la farsa anticasta. Para colmo, el abandono de nuestra histórica neutralidad nos arrastra a un conflicto ajeno en Medio Oriente.

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El abismo libertario: cuando la realidad rompe el blindaje de Javier Milei
A veces, el ruido ensordecedor de los trolls rentados en las redes sociales y el blindaje de ciertos medios porteños logran tapar temporalmente el crujir de los estómagos y el sonido de las persianas que se bajan definitivamente. Pero todos sabemos que la mentira tiene patas cortas. Como periodista que camina la calle, que habla permanentemente con el vecino, el comerciante y el laburante, hoy veo cómo ese velo digital que construyó el gobierno de Javier Milei se está rasgando de manera irreversible. Las encuestas, esas mismas que supieron inflarlo hasta la estratosfera, hoy le dan la espalda y marcan una caída libre. Y es que la realidad es testaruda y no se la puede domar a base de retuits. Hoy vemos con enorme preocupación cómo las políticas libertarias ejecutan un plan sistemático de destrucción de la industria nacional y del poder adquisitivo del salario. Las ventas caen a pisos históricos, ahogando a las pymes, mientras el ajuste brutal sigue castigando sin piedad a los sectores más vulnerables, a esos márgenes de la sociedad que ya no tienen de dónde recortar. Pero lo que ha terminado de dinamitar la paciencia social es la obscena hipocresía de los que venían a combatir a los privilegios. El desconcierto en la Casa Rosada es total ante los escándalos que brotan del propio riñón presidencial y que terminaron de sepultar la épica de la austeridad. Por un lado, tenemos a Manuel Adorni, el jefe de gabinete encargado de maquillar la miseria y de chicanear al que menos tiene, utilizando el avión presidencial como remís VIP para llevar a su esposa a Nueva York. Con un cinismo que espanta, nos dice que fue porque iba "a deslomarse" y quería compañía. Hoy acumula denuncias penales por irregularidades patrimoniales mientras le exige sacrificios de guerra a los jubilados. Por el otro, el fango de la corrupción más estructural asoma con el escándalo del "Libragate" y la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). Los audios filtrados de Diego Spagnuolo y ahora los de Mauricio Novelli, exponen una matriz de recaudación ilegal que salpica directamente al presidente y a su hermana, Karina Milei. Dichos audios de whatsapp no dejan nada librado a la imaginación, muestran una clara y turbia maniobra orquestada entre Novelli, el presidente y su hermana. Y como si el desastre interno no fuera suficiente, el Presidente ha decidido jugar a la guerra mundial poniendo en riesgo la seguridad de todos los argentinos. En un delirio mesiánico y de sumisión geopolítica total, Milei rompió con la histórica tradición de neutralidad diplomática de nuestro país para alinearse incondicionalmente con Estados Unidos e Israel en el polvorín de Medio Oriente. Al declarar enemigos a naciones extranjeras y aplaudir operaciones militares ajenas, nos convierte en un blanco potencial de represalias y nos arrastra a un conflicto que no es nuestro. El pueblo argentino es pacífico y rechaza esta locura bélica, pero el gobierno prefiere la pleitesía a las potencias extranjeras antes que el resguardo de su propia gente. La gravedad de la situación nacional, económica e institucional nos obliga a hacernos la pregunta que muchos callan por pauta o por miedo, pero que se mastica en cada esquina: ¿cómo llegará Javier Milei al fin de su mandato? Ya no hace falta que la dirigencia tradicional mueva un dedo. No tengan ninguna duda de que será la propia realidad la que termine imponiéndose por sobre cualquier discurso armado y operación mediática. No hay cerco, ni algoritmo, ni vocero soberbio que pueda sostener la imagen de un presidente cuando el pueblo se queda sin pan, el relato moral se pudre por la corrupción de su círculo íntimo y se juega irresponsablemente con la paz de la Nación. El límite definitivo no se digita en los despachos; el límite, como siempre ha pasado en nuestra historia, lo va a poner la crudeza insoslayable de la calle.
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