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Apertura de Sesiones: Entre el show de Milei en el Congreso y el abismo de una política que no reacciona

Por Alberto Trombetta | Mientras el presidente prepara su espectáculo nocturno para la apertura de sesiones y el Senado rifa el agua de los argentinos con la Ley de Glaciares, la dirigencia mira para otro lado. Una reflexión urgente sobre la claudicación ambiental, el peronismo y el peligro de esperar que el pueblo ponga el cuerpo en las calles.

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Apertura de Sesiones: Entre el show de Milei en el Congreso y el abismo de una política que no reacciona
El próximo domingo 1° de marzo a las 21 horas, el presidente Javier Milei volverá a utilizar el horario de mayor audiencia televisiva para inaugurar el nuevo período de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación. Cuando el próximo lunes se vuelva a prender la cámara de San Luis en Línea, el nuevo año legislativo ya habrá comenzado formalmente. El gobierno nacional buscará escenificar en el prime time un triunfo discursivo, celebrando junto a figuras como Patricia Bullrich y Luis Caputo un modelo de país que aplasta a los trabajadores y desmantela cualquier proyecto de industrialización nacional. Sin embargo, el análisis de este presente tan complejo no puede agotarse en criticar a un oficialismo que avanza con su motosierra sin disimulo. Resulta imperioso posar una mirada severa sobre el rol de las distintas caras de la oposición frente a este escenario. Por un lado, tenemos a la famosa "oposición dialoguista", siempre presta a garantizarle las herramientas al Gobierno y a validar un ajuste sistemático que destruye el entramado productivo de las provincias. Son los garantes de guante blanco de un plan de empobrecimiento. Por el otro lado, asoma esa otra oposición que se autoproclama fuerte y combativa. Dirigentes que, de manera ingenua o cínicamente irresponsable, creen que pueden frenar esta maquinaria de ajuste a fuerza de redactar estériles documentos de repudio desde la comodidad de sus despachos. Peor aún, están los que especulan en silencio esperando que el freno lo ponga el pueblo en las calles, empujado por el hambre y el hartazgo. Quienes apuestan a esa salida especulativa olvidan, de manera deliberada, cómo termina esa historia. Toman como antecedente el estallido del 2001 sin recordar el enorme costo de dolor, marginación y represión que sufrió nuestro pueblo. Juegan con fuego desde la tribuna mientras se quema la casa. Mientras todo el circo mediático se concentra en las expectativas del discurso presidencial, en el Senado de la Nación se está jugando una carta fundamental para nuestra soberanía: la modificación de la Ley de Glaciares. Detrás del debate técnico, el oficialismo y sus aliados buscan redefinir el "ambiente periglacial" para cederle a las provincias la potestad de habilitar la megaminería extranjera en zonas que hasta hoy estaban protegidas. A cambio de la promesa de dólares rápidos que nunca derraman en la clase trabajadora, están hipotecando las reservas estratégicas de agua dulce de los argentinos. Resulta ineludible contrastar esta claudicación del Senado con la doctrina histórica de nuestro movimiento. Hace más de cincuenta años, en 1972 y desde el exilio, Juan Domingo Perón escribió su inmenso "Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo". Con una visión anticipatoria asombrosa, Perón advirtió sobre "la marcha suicida que la humanidad ha emprendido" y denunció la dilapidación de la naturaleza. Perón enseñó que la verdadera soberanía exige cuidar nuestros recursos naturales "con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales". Entendió antes que nadie que el saqueo de nuestras materias primas bajo la excusa del libre mercado no es desarrollo, es colonialismo. Hoy, ese mandato justicialista es pisoteado por legisladores que están dispuestos a entregar nuestras fábricas de agua en la cordillera a las multinacionales del cobre y el litio. El desarrollo, la defensa del trabajo argentino y la protección de nuestro suelo van de la mano. No hay destino para un país que subasta su entorno natural mientras asfixia a su industria. Nos enfrentamos a un ciclo legislativo decisivo. Necesitamos dirigentes que asuman su responsabilidad histórica y dejen de ser meros comentaristas de la catástrofe. La política nos trajo hasta acá, que sea la política y no la sangre de la gente la que nos saque de esto.
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