Entrevista

Cacace, uno de los autores de la reforma laboral: Solidez técnica en un escenario de persianas bajas y angustia social

En una entrevista que combinó la nostalgia de los viejos tiempos con el rigor del debate actual, Alejandro Cacace pasó por San Luis Streaming para defender los pilares de la modernización laboral que hoy impulsa el gobierno de La Libertad Avanza. El Secretario de Desregulación de la Nación —formado en la "escuela" de este medio y consolidado como uno de los cuadros intelectuales más brillantes de su generación— expuso con precisión quirúrgica los beneficios de una reforma que busca, según sus palabras, "dar certidumbre" a un sistema laboral agotado.

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La formación como estandarte Es imposible no destacar la solvencia de Cacace. El ex diputado nacional se mueve con comodidad entre índices, tasas de actualización (el famoso IPC + 3%) y conceptos de derecho colectivo. Su análisis sobre la "ultraactividad" de los convenios de los años 70 y la necesidad de federalizar las negociaciones salariales para que San Luis no quede presa de los acuerdos de Buenos Aires, muestra a un funcionario que conoce la letra chica y que tiene la capacidad de traducir procesos complejos al lenguaje cotidiano. "La clave es que el empleador tenga confianza para contratar libremente", sostuvo Cacace, reafirmando una visión donde la desregulación es el motor de la reactivación. La grieta entre la teoría y la calle Sin embargo, es en el contraste con la realidad donde la solidez del discurso empieza a mostrar fisuras. Mientras Cacace describe un futuro de mayor formalidad y "oxigenación" del mercado de trabajo, el presente de la industria argentina arroja datos alarmantes. La mención a los 920 despidos en la planta de FATE funcionó como un cable a tierra necesario en la charla: ¿de qué sirve una legislación moderna si las persianas de las fábricas siguen bajando día tras día? La crítica que subyace al discurso de LLA —y que Cacace defiende con elegancia— es la aparente desconexión entre el "laboratorio de reformas" porteño y la angustia del trabajador que hoy ve cómo su estabilidad desaparece. Para el sector industrial, que enfrenta una caída del consumo y costos energéticos en alza, la reforma laboral parece ser una solución a largo plazo para un problema de supervivencia inmediata. Un debate de tiempos distintos La nota dejó un sabor agridulce. Por un lado, el orgullo de ver a un puntano ocupando un lugar central en la arquitectura del nuevo Estado, con una preparación que pocos pueden cuestionar. Por otro, la sensación de que las promesas de "derrame" y creación de empleo chocan de frente con una recesión que no da tregua. Cacace cumplió con su papel: explicar el "cómo" y el "por qué" de las nuevas reglas de juego. Pero mientras el Gobierno celebra la modernización de los convenios, el sector productivo sigue esperando que la estabilidad macroeconómica deje de ser una estadística de Excel y se convierta, finalmente, en una realidad que detenga el cierre de comercios y pequeñas industrias en nuestra provincia.